PRÁCTICA 2
CARACTERÍSTICAS Y DIFICULTADES PRINCIPALES QUE LAS
FAMILIAS ACTUALES TIENEN EN NUESTRO PAÍS
Definición
La familia,
según la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, es el elemento natural y
fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del
Estado. Los lazos principales que
definen una familia son de dos tipos: vínculos de afinidad derivados del establecimiento de un vínculo reconocido socialmente, como
el matrimonio —que, en algunas sociedades,
sólo permite la unión entre dos personas mientras que en otras es posible la poligamia—, y vínculos de consanguinidad, como la filiación entre padres e hijos o los
lazos que se establecen entre los hermanos que descienden de un mismo padre.
También puede diferenciarse la familia según el grado de parentesco entre sus
miembros.
Tipos de familia
Las familias pueden ser clasificadas en
los siguientes tipos:
§
Familia extensa, formada
por parientes cuyas relaciones no son únicamente entre padres e hijos. Una
familia extensa puede incluir abuelos, tíos, primos y
otros parientes consanguíneos o afines.
§
Familia
ensamblada, en la que está compuesta por agregados de dos o más
familias (ejemplo: madre sola con sus hijos se junta con padre viudo con sus
hijos), y otros tipos de familias, aquellas conformadas únicamente por hermanos,
por amigos (donde el sentido de la palabra "familia" no tiene que ver
con un parentesco de consanguinidad, sino sobre todo con sentimientos como la
convivencia, la solidaridad y otros), etcétera, quienes viven juntos en el
mismo espacio por un tiempo considerable.
Los estilos
familiares
En cada familia existe una forma particular de educar a sus
hijos, es lo que llamamos estilo educativo paterno. En los estudios sobre el
tema se han destacado dos aspectos fundamentales para el estudio de esto
estilos:
1º la exigencia paterna, que se refiere al rigor del control
paterno. Los padres difieren en el grado de control de las conductas de sus
hijos y en la exigencia de acatar las normas. Así mientras que en unas familias
se es muy permisivo, es decir, existe poco control, en otras se es más firme, o
sea, existe bastante control. Por último, otros ejercen un rígido control sobre
sus hijos.
2º La disponibilidad de respuesta. Que se
refiere al grado en que los padres responden a las necesidades de sus hijos, al
nivel de implicación afectiva y a la accesibilidad que muestran.
Pues bien, a partir de estas dos características ellos
obtienen cuatro estilos educativos familiares o paternos:
Estos estilos educativos, normalmente, no se dan puros, sino
que son tendencias en la educación que se brinda a los hijos.
A- Estilo Inductivo (democrático).
Alta exigencia, alta disponibilidad. Los padres ejercen un control firme,
consistente y razonado. Parten de la aceptación de los derechos y deberes de
los hijos, pero exigen a la vez que los hijos acepten también los derechos y
deberes paternos. Los padres tienen interés en mantener una relación cálida con
sus hijos.
Los hijos e hijas de
estas familias son responsables, tienen un concepto de sí mismos elevado, saben
comportarse en casa y fuera. Apenas crean conflictos en la relación familiar.
Salvo situaciones estresantes, como el
nacimiento de un hermano, por ejemplo.
B- Estilo Autoritario. Alta
exigencia, pero baja disponibilidad. Recurren más al castigo que a la alabanza.
Se exige el cumplimiento no razonado de las normas. Existe poca calidez en el
trato de os padres para con sus hijos.
Suelen lograrse niños dóciles, disciplinados, pero poco autónomos
y poco sociables. Los efectos positivos que puedan lograr son a corto plazo y
desaparecen muchas veces con la edad - en la adolescencia -.
C- Estilo
Permisivo-Indulgente. Alta disponibilidad, pero con baja exigencia. Son padres preocupados por sus hijos e hijas,
pero que no establecen normas claras y no exigen su cumplimiento. Usan
demasiado poco el castigo. Acceden fácilmente a los deseos de sus hijos y son
muy tolerantes ante expresiones de ira o de agresividad de sus hijos.
Estos niños y niñas
tienen una buena imagen de sí mismos y confianza en sus posibilidades, pero les
falta exigencia propia, autodominio. Suelen fracasar en la escuela y son más
propensos que los de los grupos anteriores a caer en el alcoholismo o en las
drogas.
D- Estilo Permisivo-Negligente.
Baja disponibilidad y baja exigencia. Padres que nos se implican en la
educación de sus hijos. Suplen su papel educativo con regalos. Suelen estar absorbidos por otras obligaciones
(trabajo, amistades,...). Dejan que los hijos hagan lo que quieran con tal de
que no les compliquen la vida.
Estos chicos suelen tener un bajo concepto de sí mismos, sus
logros escolares son escasos y está muy expuesto a la drogadicción y al
alcoholismo.
El estilo con los
padres educan a sus hijos no es una cuestión vana, se ha comprobado que no
todos los chicos están igualmente expuestos a los problemas sociales, mucho de
ello depende del grado en que sus padres les hayan ayudado a pensar por sí
mismos.
Pues bien, los
estudios demuestran que la mayor parte de los padres poseen unas ideas educativas generales que
siguen un modelo educativo adecuado en la relación con sus hijos, aunque sí es
cierto que en muchos casos se da un cierto toque de permisivismo sobre todo en
situaciones de tipo familiar y convencional: orden, limpieza, compostura en la
mesa, etc. Sin embargo, la observación de las conductas de muchos niños y niñas
demuestra que sus padres pesen a poseer unas ideas educativas adecuadas, en la
práctica son mucho más permisivos de lo que sería deseable.
En este sentido hay que recordar que sólo es posible para la persona alcanzar unos grados suficientes de
madurez y felicidad, si desarrolla unos hábitos de esfuerzo, disciplina y
voluntad. Y para lograrlo es necesario que desde pequeños vayan haciendo
todo aquello que deben y pueden, aunque no les guste.
Uno de los problemas que primero suele aparecer es el del
fracaso escolar. Los niños y niñas que fracasan en la escuela, en su mayor
parte, lo hacen porque no se esfuerzan lo suficiente, porque no tienen educada
la voluntad, porque les va más la comodidad. También a los chicos y chicas que
sacan buenas notas les cuesta un gran esfuerzo el estudiar, pero saben que todo
lo que merece la pena en esta vida supone mucho trabajo.
La labor de los padres
es clara: educar la voluntad de sus hijos. Y para ello es necesario saber
mantener una autoridad.
Ahora bien, la autoridad de los padres no debe basarse en el
“porque lo mando yo que soy tu padre o tu madre”, sino que debe tener su
fundamento en el diálogo.
Por lo tanto, la lucha contra el fracaso escolar y la base
de una adecuada educación coinciden:
“educar la voluntad, a través de la autoridad y educar la autonomía, a través
del diálogo”. Autoridad razonada.
Sólo queda añadir a
esta forma educativa una cosa más para que sea completamente adecuada: el
afecto, el cariño.
El afecto es
imprescindible tanto para los niños y las niñas, que necesitan para un sano
desarrollo emocional e intelectual saberse queridos y valorados, como para sus
padres, pues el enorme esfuerzo, la paciencia y sobre todo el tiempo que
requiere educar bien a un hijo o hija, sólo tiene una forma de pago, su cariño.
Dificultades para la
conciliación familiar
El problema que plantea la conciliación es complejo porque
varía considerablemente según las circunstancias laborales, personales y
familiares y los recursos de los que se dispone para hacer frente a las
demandas cruzadas de tiempo por parte
del trabajo y
de la vida
personal. En el
caso de la
existencia descargas familiares,
las dificultades para conciliar derivan, por un lado, del hecho de que las
jornadas laborales son demasiado largas, hay muchos tiempos muertos y eventualmente
hay que prolongar con frecuencia la duración de la jornada laboral más allá de
lo estipulado. Por otro lado, los problemas para la vida familiar se plantean
por circunstancias muy variadas dada la heterogeneidad de situaciones familiares
en las que se puede vivir. Así, puede haber problemas por falta de presencia
suficiente en el hogar para atender, jugar, supervisar y/o cuidar a los/as hijos/as
o a las personas adultas dependientes. O por las dificultades para llevar o
recoger a los/as hijos/as del colegio o guardería, o eventualmente para atender
a los/as hijos/as a las personas adultas dependientes durante las horas de
comida.
También hay problemas para atenderlos y cuidarlos en caso de
enfermedad así como en los períodos no lectivos de los/as hijos/as. En este
sentido, puede decirse que hay problemas derivados de las características del
trabajo y/o de la fase de la vida familiar por la que se atraviesa. Unos
problemas tienen un carácter estructural o permanente durante un período de
tiempo más o menos prolongado, mientras que otros tienen un carácter coyuntural
o puntual.
La capacidad de adaptación a los desafíos que presenta la
conciliación depende de los recursos de los que disponen las familias bien para
ganar tiempo propio (reducción de jornada, excedencias temporales del trabajo,
organización de los tiempos entre la pareja), bien para disponer de tiempos de
terceras personas (instituciones, servicios remunerados de terceras personas o
ayudas de las redes de solidaridad –familiares, vecinos/as y/o amigos/as-). La
ganancia de tiempo propio de cuidado se obtiene fundamentalmente reduciendo las
demandas de tiempo de trabajo, lo que típicamente sucede gracias a los
mecanismos introducidos por la legislación (política de permisos y excedencias)
y/o introducidos o ampliados por las propias empresas tales como la posibilidad
de reducir temporalmente la duración de la jornada de trabajo o mediante la
flexibilidad horaria.
Según una encuesta realizada por el Instituto de la Mujer en
2005, una de cada cinco familias españolas señalaba que les resulta muy
complicado conciliar la vida familiar y la vida laboral. Según una encuesta
similar realizada en la Comunidad de Madrid en 2006, una proporción similar
(20%) de madrileños/as económicamente activos/as reconoce que tiene muchas dificultades para conciliar.
Pero además hay un tercio adicional que también señala que tiene bastantes
problemas para conciliar. En conjunto, por tanto, más de la mitad de la población
trabajadora tiene problemas para conciliar su vida familiar y laboral.
Las familias atribuyen las causas de los problemas de
conciliación, por un lado, al desajuste entre los horarios laborales y los
escolares, o a la falta de guarderías con unos horarios y precios razonables,
según sea la edad de los hijos e hijas. Pero, por otro lado, los problemas
tienen su origen ante todo en las condiciones laborales y sobre todo en el tipo
de ordenación de la jornada de trabajo. Según la encuesta de conciliación de la
Comunidad de Madrid en 2006, los padres/madres de hijos/as menores de 15 años
trabajan una media de 43,84 horas a la semana, mientras que las madres dedican
36,25 horas al trabajo remunerado.
Este tiempo es superior a una jornada normal y significa que
muchos padres/madres trabajan más de 40 horas semanales. Comparativamente con
otros países de la Unión Europea, España se encuentra entre los países con
mayor número de horas dedicadas a la semana al trabajo remunerado. Otros
cómputos de la media de horas trabajadas, realizados con otros criterios, dan
un número distinto de horas y así la encuesta europea de condiciones de trabajo
en 2005 da un número algo menor de horas, pero las diferencias entre países
siguen siendo las mismas y la conclusión de que España está entre los países en
los que mayor número de horas se invierte en trabajo permanece inalterada.
Las enfermedades laborales más frecuentes en la actualidad,
al margen de los accidentes laborales, son el estrés, el denominado burnout y la depresión. Aunque sus causas son
múltiples, las dificultades para la conciliación de la vida personal y laboral
se encuentran entre los principales factores que propician estas enfermedades,
en especial en lo que se refiere al estrés y la depresión.
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