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Maestra de Educación Infantil y Teología Católica y su pedagogía (Profesora de Religión Católica en infantil y primaria). Máster en Resolución de Conflictos y Mediación, Experta en Pedagogía Montessori y Auxiliar de Guardería

martes, 21 de febrero de 2012

Las familias actuales


PRÁCTICA 2

CARACTERÍSTICAS Y DIFICULTADES PRINCIPALES QUE LAS FAMILIAS ACTUALES TIENEN EN NUESTRO PAÍS
Definición
La familia, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Los lazos principales que definen una familia son de dos tipos: vínculos de afinidad derivados del establecimiento de un vínculo reconocido socialmente, como el matrimonio —que, en algunas sociedades, sólo permite la unión entre dos personas mientras que en otras es posible la poligamia—, y vínculos de consanguinidad, como la filiación entre padres e hijos o los lazos que se establecen entre los hermanos que descienden de un mismo padre. También puede diferenciarse la familia según el grado de parentesco entre sus miembros.
Tipos de familia
Las familias pueden ser clasificadas en los siguientes tipos:
§  Familia nuclear, formada por la madre, el padre y su descendencia.
§  Familia extensa, formada por parientes cuyas relaciones no son únicamente entre padres e hijos. Una familia extensa puede incluir abuelostíosprimos y otros parientes consanguíneos o afines.
§  Familia monoparental, en la que el hijo o hijos vive(n) sólo con uno de los padres.
§  Familia homoparental, en la que el hijo o hijos vive(n) con una pareja homosexual.
§  Familia ensamblada, en la que está compuesta por agregados de dos o más familias (ejemplo: madre sola con sus hijos se junta con padre viudo con sus hijos), y otros tipos de familias, aquellas conformadas únicamente por hermanos, por amigos (donde el sentido de la palabra "familia" no tiene que ver con un parentesco de consanguinidad, sino sobre todo con sentimientos como la convivencia, la solidaridad y otros), etcétera, quienes viven juntos en el mismo espacio por un tiempo considerable.

El Día Internacional de la Familia se celebra el 15 de mayo. La familia es la base de la sociedad.

Los estilos familiares
En cada familia existe una forma particular de educar a sus hijos, es lo que llamamos estilo educativo paterno. En los estudios sobre el tema se han destacado dos aspectos fundamentales para el estudio de esto estilos:
 1º la exigencia paterna, que se refiere al rigor del control paterno. Los padres difieren en el grado de control de las conductas de sus hijos y en la exigencia de acatar las normas. Así mientras que en unas familias se es muy permisivo, es decir, existe poco control, en otras se es más firme, o sea, existe bastante control. Por último, otros ejercen un rígido control sobre sus hijos.
2º La  disponibilidad de respuesta. Que se refiere al grado en que los padres responden a las necesidades de sus hijos, al nivel de implicación afectiva y a la accesibilidad que muestran.
Pues bien, a partir de estas dos características ellos obtienen cuatro estilos educativos familiares o paternos: 
Estos estilos educativos, normalmente, no se dan puros, sino que son tendencias en la educación que se brinda a los hijos.
 A- Estilo Inductivo (democrático). Alta exigencia, alta disponibilidad. Los padres ejercen un control firme, consistente y razonado. Parten de la aceptación de los derechos y deberes de los hijos, pero exigen a la vez que los hijos acepten también los derechos y deberes paternos. Los padres tienen interés en mantener una relación cálida con sus hijos.
 Los hijos e hijas de estas familias son responsables, tienen un concepto de sí mismos elevado, saben comportarse en casa y fuera. Apenas crean conflictos en la relación familiar. Salvo situaciones estresantes, como  el nacimiento de un hermano, por ejemplo.
 B- Estilo Autoritario. Alta exigencia, pero baja disponibilidad. Recurren más al castigo que a la alabanza. Se exige el cumplimiento no razonado de las normas. Existe poca calidez en el trato de os padres para con sus hijos. 
Suelen lograrse niños dóciles, disciplinados, pero poco autónomos y poco sociables. Los efectos positivos que puedan lograr son a corto plazo y desaparecen muchas veces con la edad - en la adolescencia -.
 C- Estilo Permisivo-Indulgente. Alta disponibilidad, pero con baja exigencia.  Son padres preocupados por sus hijos e hijas, pero que no establecen normas claras y no exigen su cumplimiento. Usan demasiado poco el castigo. Acceden fácilmente a los deseos de sus hijos y son muy tolerantes ante expresiones de ira o de agresividad de sus hijos.
 Estos niños y niñas tienen una buena imagen de sí mismos y confianza en sus posibilidades, pero les falta exigencia propia, autodominio. Suelen fracasar en la escuela y son más propensos que los de los grupos anteriores a caer en el alcoholismo o en las drogas.
 D- Estilo Permisivo-Negligente. Baja disponibilidad y baja exigencia. Padres que nos se implican en la educación de sus hijos. Suplen su papel educativo con regalos.  Suelen estar absorbidos por otras obligaciones (trabajo, amistades,...). Dejan que los hijos hagan lo que quieran con tal de que no les compliquen la vida.
Estos chicos suelen tener un bajo concepto de sí mismos, sus logros escolares son escasos y está muy expuesto a la drogadicción y al alcoholismo.

 El estilo con los padres educan a sus hijos no es una cuestión vana, se ha comprobado que no todos los chicos están igualmente expuestos a los problemas sociales, mucho de ello depende del grado en que sus padres les hayan ayudado a pensar por sí mismos.
 Pues bien, los estudios demuestran que la mayor parte de los padres  poseen unas ideas educativas generales que siguen un modelo educativo adecuado en la relación con sus hijos, aunque sí es cierto que en muchos casos se da un cierto toque de permisivismo sobre todo en situaciones de tipo familiar y convencional: orden, limpieza, compostura en la mesa, etc. Sin embargo, la observación de las conductas de muchos niños y niñas demuestra que sus padres pesen a poseer unas ideas educativas adecuadas, en la práctica son mucho más permisivos de lo que sería deseable.
En este sentido hay que recordar que sólo es posible para la persona alcanzar unos grados suficientes de madurez y felicidad, si desarrolla unos hábitos de esfuerzo, disciplina y voluntad. Y para lograrlo es necesario que desde pequeños vayan haciendo todo aquello que deben y pueden, aunque no les guste.
Uno de los problemas que primero suele aparecer es el del fracaso escolar. Los niños y niñas que fracasan en la escuela, en su mayor parte, lo hacen porque no se esfuerzan lo suficiente, porque no tienen educada la voluntad, porque les va más la comodidad. También a los chicos y chicas que sacan buenas notas les cuesta un gran esfuerzo el estudiar, pero saben que todo lo que merece la pena en esta vida supone mucho trabajo.
 La labor de los padres es clara: educar la voluntad de sus hijos. Y para ello es necesario saber mantener una autoridad.
Ahora bien, la autoridad de los padres no debe basarse en el “porque lo mando yo que soy tu padre o tu madre”, sino que debe tener su fundamento en el diálogo.
Por lo tanto, la lucha contra el fracaso escolar y la base de una adecuada educación  coinciden: “educar la voluntad, a través de la autoridad y educar la autonomía, a través del diálogo”. Autoridad razonada.
 Sólo queda añadir a esta forma educativa una cosa más para que sea completamente adecuada: el afecto, el cariño.
 El afecto es imprescindible tanto para los niños y las niñas, que necesitan para un sano desarrollo emocional e intelectual saberse queridos y valorados, como para sus padres, pues el enorme esfuerzo, la paciencia y sobre todo el tiempo que requiere educar bien a un hijo o hija, sólo tiene una forma de pago, su cariño.
Dificultades para la conciliación familiar
El problema que plantea la conciliación es complejo porque varía considerablemente según las circunstancias laborales, personales y familiares y los recursos de los que se dispone para hacer frente a las demandas cruzadas de tiempo  por  parte  del  trabajo  y  de  la  vida  personal.  En  el  caso  de  la  existencia  descargas familiares, las dificultades para conciliar derivan, por un lado, del hecho de que las jornadas laborales son demasiado largas, hay muchos tiempos muertos y eventualmente hay que prolongar con frecuencia la duración de la jornada laboral más allá de lo estipulado. Por otro lado, los problemas para la vida familiar se plantean por circunstancias muy variadas dada la heterogeneidad de situaciones familiares en las que se puede vivir. Así, puede haber problemas por falta de presencia suficiente en el hogar para atender, jugar, supervisar y/o cuidar a los/as hijos/as o a las personas adultas dependientes. O por las dificultades para llevar o recoger a los/as hijos/as del colegio o guardería, o eventualmente para atender a los/as hijos/as a las personas adultas dependientes durante las horas de comida.
También hay problemas para atenderlos y cuidarlos en caso de enfermedad así como en los períodos no lectivos de los/as hijos/as. En este sentido, puede decirse que hay problemas derivados de las características del trabajo y/o de la fase de la vida familiar por la que se atraviesa. Unos problemas tienen un carácter estructural o permanente durante un período de tiempo más o menos prolongado, mientras que otros tienen un carácter coyuntural o puntual.
La capacidad de adaptación a los desafíos que presenta la conciliación depende de los recursos de los que disponen las familias bien para ganar tiempo propio (reducción de jornada, excedencias temporales del trabajo, organización de los tiempos entre la pareja), bien para disponer de tiempos de terceras personas (instituciones, servicios remunerados de terceras personas o ayudas de las redes de solidaridad –familiares, vecinos/as y/o amigos/as-). La ganancia de tiempo propio de cuidado se obtiene fundamentalmente reduciendo las demandas de tiempo de trabajo, lo que típicamente sucede gracias a los mecanismos introducidos por la legislación (política de permisos y excedencias) y/o introducidos o ampliados por las propias empresas tales como la posibilidad de reducir temporalmente la duración de la jornada de trabajo o mediante la flexibilidad horaria.
Según una encuesta realizada por el Instituto de la Mujer en 2005, una de cada cinco familias españolas señalaba que les resulta muy complicado conciliar la vida familiar y la vida laboral. Según una encuesta similar realizada en la Comunidad de Madrid en 2006, una proporción similar (20%) de madrileños/as económicamente activos/as reconoce  que tiene muchas dificultades para conciliar. Pero además hay un tercio adicional que también señala que tiene bastantes problemas para conciliar. En conjunto, por tanto, más de la mitad de la población trabajadora tiene problemas para conciliar su vida familiar y laboral.
Las familias atribuyen las causas de los problemas de conciliación, por un lado, al desajuste entre los horarios laborales y los escolares, o a la falta de guarderías con unos horarios y precios razonables, según sea la edad de los hijos e hijas. Pero, por otro lado, los problemas tienen su origen ante todo en las condiciones laborales y sobre todo en el tipo de ordenación de la jornada de trabajo. Según la encuesta de conciliación de la Comunidad de Madrid en 2006, los padres/madres de hijos/as menores de 15 años trabajan una media de 43,84 horas a la semana, mientras que las madres dedican 36,25 horas al trabajo remunerado.
Este tiempo es superior a una jornada normal y significa que muchos padres/madres trabajan más de 40 horas semanales. Comparativamente con otros países de la Unión Europea, España se encuentra entre los países con mayor número de horas dedicadas a la semana al trabajo remunerado. Otros cómputos de la media de horas trabajadas, realizados con otros criterios, dan un número distinto de horas y así la encuesta europea de condiciones de trabajo en 2005 da un número algo menor de horas, pero las diferencias entre países siguen siendo las mismas y la conclusión de que España está entre los países en los que mayor número de horas se invierte en trabajo permanece inalterada.
Las enfermedades laborales más frecuentes en la actualidad, al margen de los accidentes laborales, son el estrés, el denominado  burnout y la depresión. Aunque sus causas son múltiples, las dificultades para la conciliación de la vida personal y laboral se encuentran entre los principales factores que propician estas enfermedades, en especial en lo que se refiere al estrés y la depresión.
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